Un hermoso bosque enfrente de ella,
un camino justo en medio,
empezó a correr sin mirar atrás,
la suave brisa acaricia su triste rostro y ambicioso
corazón que nunca dejara de latir,
un alma solitaria que ama la tranquilidad
de la sabiduría aprendida, a través del bosque
influenciada por su aliento mira el firmamento
lleno de estrellas en las lejanías del universo,
sin dejar de correr hacia su meta,
la luna en su más ferviente cenit ilumina
su camino atravesando las hojas
de los arboles centenarios,
abrigada con su manto de verdor
iluminados por la mirada
de la dama que nunca se dejara rendir
por muchas voces que oiga
en su imaginativa cabeza
mirando hacia delante hasta
que la muerte la detenga
y aun así luchara para continuar
lo que debe terminar si no nunca
dejara este lugar que creyó en ella.
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