domingo, 31 de enero de 2016

La mirada fija

Encerrada en estas
cuatro paredes sin
resquicios encontrados.

Vagando por mi alma y
en su interior yace
mi lamento, un lamento
que no he olvidado.

Tan solo esperando
su desvanecimiento
entre la vida y mi muerte
aquí me hallo olvidada
entre recovecos oscuros
y lloros que duelen tan
solo de escucharlos.

Poco a poco mi deterioro
voy encontrando solo el
recuerdo de un violín sonar
hace más a meno el saber
del olvido que el camino
me enseño al final de
su lección.

Viendo mi llegada a esta
vida de amor en solitario,
mi nueva alma poco a poco
se aferra que con
esperanza intenta recordar
aquello a lo que se apego más,
otra alma olvidada y que ya
no recuperará jamás.

Oscurece de nuevo
aquí en mi nuevo
interior pues la vieja
alma enseña a la nueva
despacio, solo unos
pocos años, volveremos
a comenzar.

En tierras baldías aquí
me pierdo de nuevo,
ya oscurecido, caminando
hacia delante volviendo
a revivir lo vivido sin poder
impedirlo ni aun que quisiera
mi alma ya no me pertenece.

Alma independizada de
un cuerpo no pertenece
a nadie, pero a pesar de
ello condenada y encadenada
en su interior y en sus
oscuros y escalofriantes
sentimientos.

Aquí estoy fiel a ella
en este baldío mundo,
desolado por el dolor,
el sufrimiento de otros
de los cuales intentan
desprenderse.

Mi independizada alma
representa, el valor,
la superación, la constancia,
la sabiduría alcanzada por
continuas luchas y decisiones
tomadas, se estremece
por el recuerdo sobre todo
por los que más duelen.

El pasado es nuestro presente y
no podemos desprendernos de el
como nosotras quisiéramos,
pues en el hallo pequeñas
tormentas que amainan mi dolor
y fortalece mi cordura que a veces
ella misma enloquece.

Con viejas ataduras arrastro
mi pasado en un presente
hacia mi futuro, oscuro
y turbio.

Tormentas a lo lejos
visualiza mi alma y se enfría
conforme avanzamos,
la tormenta se nos vino
encima y sin saberlo
ocurrió la magia...
pequeños retazos de un
alma pura se ven a través
de ella, tan pura
que ni lo más ensombrecido
se atreve a engullir.


La luz que los atraviesa
alcanza el interior, retorcida
y asombrada cae al suelo,
mirando el oscuro cielo que
lentamente se muestra a través
del espesor de las nubes,
la mirada fija y el aliento
disipado... nos vuelve
a latir el corazón.

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