Empapada en lagrimas y oyendo
como la lluvia cae a través de mi ventana,
por donde se cuela el más crudo invierno
y la soledad más transparente.
El frió hace de mi cuerpo una muerte
en vida, moviendo mis manos al
son del viento que mece mis más
internos pensamientos
de miedo, tristeza y espanto,
con cada paso me acerco más
al borde de un acantilado
intentando dar el salto,
un salto al vació, roto por el llanto
del mar enfurecido y más bravo
que jamás haya visto,
solo me quedan unos centímetros
para caer en el más y
oscuro húmedo abismo
esperando un milagro
como el de un beso envenenado
que impida esta caída
y poder restaurar mi rota vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario